A metros, pero casi en kilómetros, se escucha una señal que, desde la distancia, anuncia la llegada de una emergencia. Quienes se encuentran en el lugar permanecen expectantes. Se escuchan llantos: es un niño en brazos de su madre. La incertidumbre continúa con cada segundo que pasa y con cada sonido que se acerca. Al margen de la madre con su hijo en brazos, dos jóvenes llegan; una, con una aparente molestia en el vientre, y la otra la sostiene, afligida. En cuestión de segundos, todos convergen en un mismo punto: la entrada de la emergencia del hospital, donde aguarda un miembro del personal de seguridad.

Cada situación representa una emergencia; cada caso tiene un nivel de urgencia distinto, pero todos son importantes para la salud de quienes llegan al lugar en busca de atención y esperan un ingreso rápido y ordenado, bajo la supervisión del personal de seguridad, que suele preguntar: «¿Hacia dónde se dirige? ¿Qué le pasa, joven?».

¿Está mal la respuesta? Humanamente, puede sentirse insensible ante una visible muestra de debilidad, pero, desde su lógica laboral, es lo correcto. No obstante, para la capacitación que reciben algunos, este tipo de respuesta resulta aceptable.

Así se presentan muchas de las situaciones que presencia cada día el personal de seguridad en nuestros hospitales, quienes constituyen el primer contacto que tienen cientos de pacientes y familiares al llegar a los centros médicos en busca de atención, ya sea de emergencia o de consulta.

Este personal, poco visibilizado, es, sin duda, una parte fundamental no solo para mantener el orden, sino también para brindar esa primera calma que necesitan quienes llegan allí. Muchos muestran descontento por el tiempo que llevan rezagados en sus puestos, cargando con una desmotivación que también se refleja en los salarios que devengan desde hace décadas.

Sueldos bajos, poca capacitación y disposición: la realidad del personal de seguridad de los hospitales de Santo Domingo
Hospital Docente Universitario Materno "Nuestra Señora de la Altagracia"./ Foto: Alexis Monegro.

Tal es el caso de Juan López (nombre ficticio para proteger su identidad), quien se acerca a las tres décadas de servicio, con 28 años trabajando en un hospital de Santo Domingo. Contó a El Día que recibe un ingreso mensual de solo 10 mil pesos, una situación salarial que, según él, también afecta a otros empleados administrativos.

«Aquí solo ganan bien los médicos; los demás ganamos una miseria», contó con discreción y en tono bajo, mientras se alejaba el oficial de turno, miembro de las Fuerzas Armadas, cuyos integrantes, junto con agentes de la Policía Nacional y personal de otros organismos de seguridad, desde hace algunos años forman parte de la seguridad en los hospitales.

Este no fue el caso constatado en otro centro especializado en la atención infantil, donde el personal de seguridad, aunque admitió no gozar de una buena remuneración, se mostró restringido a la hora de expresar abiertamente su parecer por miedo a ser visto por sus superiores.

Sueldos bajos, poca capacitación y disposición: la realidad del personal de seguridad de los hospitales de Santo Domingo
Hospital Infantil Dr. José Manuel Rodríguez Jiménes./ Foto: Alexis Monegro.

Otro de los contrastes en los centros de salud lo viven los agentes de seguridad privada, quienes aseguran devengar un salario de RD$24,500 mensuales, pese a cumplir jornadas de 12 horas diarias, de lunes a sábado. Uno de los vigilantes consultados explicó que labora de 7:00 de la mañana a 7:00 de la noche y que la seguridad del hospital está a cargo de una empresa privada, sin el apoyo de personal militar.

El empleado indicó que, por turno, apenas dos agentes son responsables de la vigilancia del centro de salud, una carga que consideran insuficiente ante el flujo constante de pacientes, familiares y visitantes. Aunque reconoció que anteriormente los salarios eran más elevados, afirmó que las condiciones actuales reflejan los retos que enfrentan quienes desempeñan estas funciones de seguridad en los hospitales.

Ingresos no acordes con los gastos

¿Es un drama o una realidad? Lo cierto es que se trata de una realidad dramática que se refleja en ingresos que, en algunos casos, no se acercan ni al 50 % del costo de la canasta básica dominicana, cuyo valor varía según el tipo de hogar y la región, con montos que rondan entre los 35 000 y los 49 268.36 pesos.

Tal es el caso de un camillero que se ofreció a contar su historia de más de 18 años de servicio y un ingreso neto de RD$9 500. Trabaja de lunes a viernes y destina 150 pesos diarios al transporte.

«No me voy para no perder mis años de trabajo, pero, si no fuera por eso, hace rato lo hubiera hecho», sostuvo con rostro de indignación mientras dialogaba con el personal de seguridad de turno.

Sueldos bajos, poca capacitación y disposición: la realidad del personal de seguridad de los hospitales de Santo Domingo
Miles de dominicanos utilizan diariamente el transporte público. imagen de archivo

El contraste entre los ingresos de estos trabajadores y el costo de los bienes y servicios básicos convierte el salario en una de las principales preocupaciones para quienes llevan años desempeñando estas funciones. Para muchos, la permanencia en el puesto no responde necesariamente a la satisfacción con las condiciones laborales, sino al temor de perder la antigüedad acumulada y los beneficios asociados a sus años de servicio.

El servicio hecho costumbre

La falta de una capacitación básica, la vestimenta inapropiada, los sueldos bajos y el costumbrismo en la entrada de los hospitales no favorecen que la mayoría de estos trabajadores pueda dar lo mejor de sí en sus labores. Sin embargo, no siempre sucede así.

Algunos no responden de acuerdo con la problemática del momento: pueden ser groseros, poco amables o carecer de empatía. ¿Pero pueden ser juzgados?

Las muestras de solidaridad no están sujetas únicamente a la educación o a los recursos, pero estos pueden hacer más llevadero el proceso. Si bien el Servicio Nacional de Salud (SNS) ha avanzado con la integración de personal militar, los salarios y la falta de preparación siguen siendo temas pendientes.

Saber responder ante un conflicto producto de una disputa que puede extenderse hasta la entrada de la emergencia es una de las situaciones que estos trabajadores deben enfrentar. En muchos casos, son ellos quienes deben ofrecer la primera respuesta ante lo que se presente, incluso antes de que el paciente o sus familiares tengan contacto con el personal médico.

Sueldos bajos, poca capacitación y disposición: la realidad del personal de seguridad de los hospitales de Santo Domingo
"Es tiempo y dinero perdido": Pacientes sufren los estragos del paro en hospitales. Guillermo Burgos.

Durante un recorrido por varios hospitales públicos de Santo Domingo, El Día constató que, por lo general, solo dos personas permanecen en las puertas principales encargadas de la seguridad: un vigilante civil, contratado o nombrado por Salud Pública, y un miembro de la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas u otro organismo militar.

Entre ambos deben controlar el acceso de cientos de pacientes, familiares, suplidores y visitantes que diariamente acuden a los principales hospitales, además de responder a situaciones de emergencia, orientar a quienes llegan por primera vez y mantener el orden en momentos de alta tensión.

Los propios trabajadores explican que buena parte de su labor consiste en mediar conflictos y calmar a familiares cuando aumenta la desesperación por el estado de salud de un paciente o por los tiempos de espera.

Aunque reconocen que algunos hospitales registran menos incidentes que otros debido al tipo de pacientes que reciben, coinciden en que la responsabilidad recae sobre un personal reducido para la cantidad de personas que circula diariamente por estos centros asistenciales.

A pesar de la presión que implica su trabajo, sostienen que continúan desempeñando sus funciones con el compromiso de garantizar la seguridad tanto del personal médico como de los usuarios que acuden en busca de atención.

El desafío, sin embargo, permanece: mantener el orden, orientar a los pacientes y enfrentar situaciones de tensión con una preparación que, según los testimonios recogidos, todavía resulta insuficiente y con condiciones salariales que no siempre se corresponden con las exigencias de la labor.

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